Hoy queremos reconocer con profundo respeto y admiración al piloto César Romero, quien, ante una situación crítica en pleno vuelo, mantuvo la calma y realizó las maniobras necesarias para salvar la vida de todos los pasajeros a bordo de la avioneta XA-UJF.
Gracias a su temple, preparación y experiencia, el vuelo terminó sin pérdidas humanas. Gracias a Dios y gracias al Capitán Romero por su valentía.
Lo ocurrido nos recuerda que, aunque hay situaciones que escapan a cualquier control, contar con personal capacitado marca la diferencia. Lo cierto es que hoy no lamentamos una tragedia, y eso es mérito de quien estuvo al mando en los momentos más difíciles.